Una charla con Pablo Waisman de APL: El empresario que construye confianza desde el pozo hasta la entrega
Pablo Waisman, titular de APL

Una charla con Pablo Waisman de APL: El empresario que construye confianza desde el pozo hasta la entrega

Por Martín Sperati

La historia de la desarrolladora e inmobiliaria APL tiene la mística del esfuerzo compartido. Pablo Waisman, uno de los titulares de la empresa, recuerda con claridad sus años universitarios en la Universidad Católica, donde cursó la carrera de Economía. En un aula donde eran apenas cuatro alumnos, forjó una profunda amistad y sociedad con Luciano Lecchini. Los inicios de la firma en 2015 fueron sumamente austeros: la primera dirección postal de la sociedad funcionaba en el garaje de la casa de los padres de Luciano.

Hoy, la realidad de la empresa es muy distinta. Con un equipo directo que ya ronda las 70 u 80 personas, APL consolidó su presencia en la región con oficinas imponentes ubicadas en la intersección de Boulevard Gálvez y Mitre, en la ciudad de Santa Fe. Waisman explica que este salto estético y de visibilidad era una necesidad estratégica para el crecimiento corporativo, señalando que para competir en las “Grandes Ligas” al lado de las firmas más tradicionales de la ciudad, resulta indispensable mostrarse en un lugar visible y bien ubicado.

El valor innegociable de la palabra

En el modelo de negocios de APL, la confianza funciona como el pilar fundamental. Para el empresario, en una sociedad como la santafesina, el comprador no adquiere simplemente metros cuadrados, sino que invierte en lo intangible basándose estrictamente en la reputación de quién está detrás del proyecto.

Un ejemplo concreto que ilustra esta filosofía de trabajo es la reciente entrega de un edificio mediano en la calle General Paz al 4700. El proyecto se finalizó antes de término en un contexto nacional sumamente complejo, donde los costos de construcción medidos en dólares se triplicaron y el financiamiento bancario es nulo para el rubro. Según el desarrollador, cumplir con los plazos cuando el entorno muestra tantas obras paradas es el mayor diferencial que pueden ofrecer. Además, la firma implementa una política comercial particular: cada unidad se entrega con una sorpresa o agregado extra que el comprador no esperaba.

Ese nivel de atención al detalle incluye invitar a los clientes a recorrer las obras cuando están a mitad de ejecución. El objetivo es que comprueben en primera persona la calidad de los materiales que quedan ocultos tras las paredes. Actualmente, la empresa concentra sus desarrollos en ubicaciones de alta rentabilidad de Santa Fe —como la zona del Puerto y los Boulevares— diseñando departamentos de tamaños medios pensados para un público de entre 30 y 60 años, ideal tanto para vivienda permanente como para inversión de renta.

Desafíos económicos y expansión regional

Desde su formación como economista, Waisman analiza la coyuntura del sector y cataloga el tipo de cambio actual como “muy malo” para la construcción. Desde su perspectiva, para que el rubro recupere dinamismo en Argentina, se requeriría un dólar en torno a los $2000. Explica que el descalce provocado por una suba de costos en dólares del 40% anualizado, sumado a la imposibilidad de trasladar ese aumento directo al precio de venta de las unidades terminadas, genera una fuerte tensión en las empresas. Ante este panorama, la estrategia de suministro de APL varía según el ciclo económico: acopian materiales en épocas inflacionarias y aprovechan la parálisis de la microeconomía para negociar mejores condiciones con los proveedores locales en momentos de estabilidad.

A pesar de las dificultades generales de la economía nacional, la desarrolladora atraviesa un periodo sólido con récords de ventas propios y una política de expansión a través de franquicias. El modelo no busca la masividad, sino seleccionar empresarios locales con alta reputación y conocimiento territorial a quienes transferirles el know-how integral de la marca, respaldado por herramientas tecnológicas como un CRM propio, consultoría financiera corporativa y tasaciones rurales especializadas.

El gran hito de internacionalización y expansión de la firma es su desembarco en Bariloche, específicamente en el cotizado barrio Alto Belgrano. Allí avanzan con las tareas de demolición para iniciar a fin de año la construcción de un complejo de planta baja y cuatro pisos con unas 100 unidades habitacionales. El proyecto está enfocado en el turismo de “triple D” (buen descanso, buen desayuno y buena ducha), representando un notable desafío logístico debido al suelo rocoso, las napas altas y las exigencias del clima patagónico.

El factor humano detrás de la empresa

Más allá de las métricas comerciales y los balances financieros, la conducción de APL destaca el rol social y el compromiso que implica la actividad empresarial. Waisman manifiesta un profundo respeto por las grandes constructoras tradicionales que sirven como referencia en el sector y resalta el esfuerzo diario de los trabajadores de la construcción que enfrentan condiciones climáticas extremas en las obras.

Al definir el dinero, el empresario lo cataloga simplemente como un medio y la consecuencia directa de un trabajo bien ejecutado que permite potenciar nuevos proyectos. Fuera de las responsabilidades corporativas, señala que su prioridad y equilibrio es el tiempo compartido en familia, especialmente los fines de semana junto a su hija Delfina. En el plano interno de la organización, destaca la labor de su esposa Jaquelina, quien lidera el equipo de arquitectos de la desarrolladora, y reconoce como sus principales mentores y ejemplos de sacrificio a sus padres, César y Lucila.

Finalmente, al analizar el significado del éxito personal, el titular de APL concluye que este no se mide por la facturación o el tamaño de la compañía, sino por la solidez del círculo íntimo y por la posibilidad de caminar por la calle y recibir un saludo afectuoso y genuino de las personas que confiaron en sus proyectos.

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