Hay que estar en la piel de un hincha de Boca Juniors por estos días. Más de tres años sin dar una vuelta olímpica, dudas sobre los refuerzos, cuestionamientos al entrenador y la obligación incómoda de hacerle pasillo de honor a su rival. El contexto no ayudaba. Pero en La Fortaleza, el equipo respondió con un 3-0 contundente ante Lanús que trajo alivio y esperanza.
Los 10.000 hinchas que coparon el estadio fueron testigos de la mejor versión del equipo de Claudio Ubeda en 2026. Boca cortó una racha de cuatro partidos sin ganar y mostró carácter, juego asociado y contundencia. Sin embargo, más allá del resultado, la gran noticia fue el partido descomunal de Tomás Aranda, el juvenil que se adueñó de la escena.
El hincha, golpeado por tantas pálidas, viajó casi por inercia, sostenido apenas por la esperanza. Se fue con una goleada que le devolvió la sonrisa. Ahora la incógnita es si fue solo una noche perfecta o el inicio de una reconstrucción que el mundo Boca espera desde hace demasiado tiempo.
