Por Martín Sperati
El Club Atlético Villa Dora es una referencia ineludible en la ciudad de Santa Fe. Sin embargo, para gran parte de la sociedad, su nombre quedó históricamente encasillado en dos grandes conceptos: el baile de cumbia y el vóley. En una entrevista exclusiva con Despacho Play, Adrián Ramseyer, quien asumió la presidencia de la institución el 28 de diciembre de 2001, desmitificó los prejuicios y expuso la enorme estructura de contención social que lidera desde hace más de dos décadas.
“Villa Dora es un club de barrio que ha crecido muchísimo”, afirmó Ramseyer. “Mucha gente habla sin saber ni siquiera dónde queda geográficamente, ni las actividades que se hacen, ni el rol social que cumple. A toda la gente que no nos conoce y va, le aseguro que queda sorprendida”.
El sostenimiento económico de un club de barrio con un promedio de 1.100 socios requiere de ingenio y de fuentes de financiamiento alternativas. Ramseyer fue categórico al señalar que el histórico baile sigue siendo la principal fuente de ingresos de la institución, seguido muy de cerca por el alojamiento deportivo, un espacio con capacidad para albergar a 158 personas que genera una alta ocupación. Las cuotas sociales se mantienen bajas de forma deliberada para garantizar la accesibilidad comunitaria.
No obstante, el presidente admitió que la realidad financiera actual es compleja debido a las regulaciones locales. La nueva ley de nocturnidad: Acotó significativamente los ingresos al limitar los horarios y la cantidad de eventos anuales.
Ramseyer extendió un reclamo concreto al municipio para que “los dejen laburar” y se les permita extender el horario de cierre del baile hasta las 3:00 en invierno y las 4:00 en verano, argumentando que el cierre temprano a las 2:00 deriva en que el público asista a afters clandestinos.
El dirigente destacó con humor que el baile es una tradición de 88 años que alimenta a muchas “rémolas” locales: trabajadores independientes, comercios y emprendimientos linderos que viven del movimiento que genera el club.

Gigantes en el deporte y carencias de infraestructura
El crecimiento deportivo de Villa Dora es innegable, al punto de haberse transformado en una potencia competitiva de elite que ha sabido exportar jugadores a Europa y Estados Unidos. “En vóley femenino somos el número uno del país si sumamos todas las categorías inferiores”, remarcó con orgullo Ramseyer, destacando que compiten de igual a igual y superan a presupuestos infinitamente mayores como los de Boca, River, San Lorenzo o Vélez.
A pesar de estos éxitos que incluyen un predio deportivo de 11 hectáreas en Monte Vera con canchas de fútbol y hockey, el club sufre la saturación de sus instalaciones centrales. Diariamente circulan entre 400 y 500 personas en jornadas normales, y más de 2.500 en días de torneo. Las disciplinas de patín, taekwondo, futsal y newcom exigen constantemente más horarios y espacio.
El presidente apuntó hacia la falta de infraestructura general en la ciudad y la inacción política. Reveló que han presentado proyectos para hacerse cargo y poner en valor espacios públicos abandonados —como el playón de la Costanera o la cancha de Ferro— para garantizar que más chicos tengan un espacio deportivo, pero chocan constantemente con trabas burocráticas estatales.
Una vida dedicada al club
La gestión de Ramseyer se sostiene gracias a un fuerte arraigo territorial. Explicó que 11 de los 16 miembros de la comisión directiva viven a menos de 400 metros de la sede. En su caso personal, la dedicación es absoluta y familiar: su esposa Karina coordina la cantina (que funciona como un punto de encuentro y contención crucial para los jóvenes del barrio), su hijo Agustín se desempeña como estadista y entrenador de vóley, y su hija colabora activamente en el día a día.
“Villa Dora me llevó a dedicarle la vida entera a mí y a mi familia”, confesó emocionado, mostrando el escudo del club que lleva tatuado en el brazo tras una promesa por salir campeones de la Liga Nacional.
