Un empleado político cobra más que una docente con 30 alumnos

Un empleado político cobra más que una docente con 30 alumnos

Por Martín Sperati

Mientras miles de empleados públicos cobran sueldos de miseria que no alcanzan para vivir, los cargos políticos y de confianza viven en otra galaxia. Este contraste no es un error: es una vergüenza y una falta de respeto.

Un docente inicial, un enfermero, un policía raso o un administrativo cobra, después de los magros aumentos del 2026, un neto de alrededor de 1.100.000 pesos.

La canasta básica familiar ya supera los 2 millones de pesos. La línea de pobreza está por encima de 1,3-1,4 millones. Miles de familias terminan destinando entre el 25% y el 50% de su sueldo solo para pagar deudas.

Y para colmo, el Estado les paga una parte en negro: sumas no remunerativas que no computan para aguinaldo, jubilación ni obra social. Dinero que hoy está y mañana no vale nada.

Ahora mirá el otro lado del escándalo:

Un funcionario político de rango medio-alto cobra fácilmente entre 3 y 6 millones de pesos por mes, o mucho más, todo en blanco, con viáticos, gastos de representación y privilegios. Multiplican por 4, 5 o 6 veces el sueldo de un trabajador de la base. Mientras tanto, la planta política sigue creciendo sin control: más de 2.180 cargos nuevos.

Esto no es administrar. Es una injusticia descarada.

Los empleados públicos no son un gasto. Son el corazón del Estado. Cuando les pagás mal y en negro, generás desmotivación, deserción y mala atención al vecino.

El Estado tiene que dar el ejemplo. No puede predicar austeridad y orden mientras ajusta salvajemente a sus propios trabajadores y se llena de privilegios en las alturas.

Santa Fe se merece un Estado justo, no un Estado de dos velocidades.