Por Martín Sperati
A estas alturas, lo que ocurre con el cementerio municipal de Santa Fe es un verdadero escándalo. No se trata de un simple problema de infraestructura; es un abandono total y una falta de respeto inadmisible hacia los vecinos y hacia la memoria de nuestros seres queridos. Caminar por ahí es encontrarse con malezas altas, nichos destruidos, humedad, inseguridad y una desidia visible para cualquiera que ingrese. Es un espacio que debería inspirar paz y dignidad, pero que hoy solo genera tristeza y bronca.
Lo más grave de esta situación es el contraste económico. El ciudadano santafesino paga sus tasas de manera rigurosa mes a mes, soportando aumentos muy fuertes. El costo de la cremación, por ejemplo, casi se triplicó, pasando de 87 000 pesos a 306 000 pesos. Sin embargo, ese esfuerzo no vuelve en obras. El municipio proyectó en su presupuesto 2026 más de 2000 millones de pesos destinados a este fin. Una cifra millonaria que, claramente, no se está ejecutando como corresponde.
Frente a este escenario, cabe preguntarse: ¿por qué el intendente no ejecuta de manera correcta los recursos que tiene asignados?. Quiero ser justo en esto: el doctor Poletti no tiene la culpa total de este desastre. Esto es el resultado de un deterioro arrastrado durante años por gestiones del mismo color político desde hace casi dos décadas. Pero la culpa total no quita la corresponsabilidad.
Poletti lleva más de dos años gobernando la ciudad —si es que realmente la gobierna y no actúa simplemente como un gerente— y con un mínimo de sentido común debería darse cuenta de que el cementerio no puede continuar así. No alcanzan las promesas de “alguna que otra obra aislada”; se necesita una intervención contundente y, sobre todo, transparencia.
Como intendente, Poletti debería mostrarle a la ciudadanía con total pulcritud cómo se ejecutaron los presupuestos de su primer año, del segundo y del actual. La preocupante sospecha de que estas partidas se subejecutan a propósito para desviar fondos hacia las arcas políticas surge justamente de la falta de claridad. Si en cualquier empresa privada un gerente debe rendir cuentas transparentes ante un directorio, ¿por qué no se aplica lo mismo con la plata de los contribuyentes?.
Vivimos en una contradicción tecnológica insólita. El municipio invierte en tecnología de última generación para recaudar a través del SEOM, coloca radares modernos, compra luces LED importadas para el puente colgante y planifica semáforos inteligentes. Sin embargo, no hay intenciones de crear un portal web accesible donde el ciudadano pueda ver, día a día, qué obras avanzan, qué facturas se pagan y qué destino real tienen sus impuestos. En campaña se invoca mucho la transparencia, pero hay que ser y parecer.
Nuestro rol como periodistas es exponer estos inconvenientes de frente para que las autoridades conecten los problemas con las soluciones reales. No formamos parte de esos medios acallados por la pauta oficial municipal. Por eso, pido públicamente que los funcionarios den la cara, muestren los números y dejen de cuchichear en reuniones cerradas.
Nuestros muertos merecen dignidad y los santafesinos merecen un espacio digno para honrarlos.
