Fantino al rescate

Fantino al rescate

Por Martín Sperati

La entrevista que Manuel Adorni concedió a Alejandro Fantino en “La Cosa en Sí” tiene todas las características de una operación de reposicionamiento de imagen cuidadosamente diseñada. En medio de la tormenta judicial y mediática por las irregularidades en el pago de remodelaciones de su casa en efectivo, el Jefe de gabinete de ministros eligió un formato blando, extenso y amigable para salir a reconstruir su figura pública.

El tono distendido, las preguntas sin filo incómodo, el relato personal sobre el impacto familiar y la victimización política (“es un ataque al Presidente”) forman parte de un manual clásico de control de daño. No fue una rendición de cuentas exigente, sino una conversación empática dirigida especialmente a un público joven y mileísta que sigue a Fantino. El objetivo no era responder con datos duros sobre el origen de los fondos, sino humanizar a Adorni, mostrarlo como un hombre de familia bajo ataque y ganar tiempo hasta que baje la presión.

Este tipo de notas “armadas” son moneda corriente en la política argentina: cuando un funcionario queda expuesto, se busca un medio amigo o un conductor complaciente para dar la versión más favorable, sin contradictores ni profundidad. Funciona muy bien para consolidar la base propia, pero suele generar más desconfianza entre el público independiente.

Milei nació mediáticamente con Fantino y ese salvataje lleva claramente su sello. Mandar a su vocero de mayor confianza al sillón más amigable del streaming no fue una decisión de Adorni en soledad: fue una jugada del propio Presidente para proteger a uno de sus funcionarios más visibles y, de paso, blindar la imagen del gobierno. Cuando el jefe envía al vocero a lavarse la cara en el lugar donde él mismo se potenció, el mensaje es claro: se trata de una operación política de primer nivel.

Adorni necesitaba oxígeno y lo consiguió en un estudio de streaming. La pregunta de fondo sigue abierta: si realmente no tiene nada que ocultar, ¿por qué no eligió un formato que permitiera mayor escrutinio en lugar de una charla confortable? La gestión de imagen es legítima, pero no debería confundirse con transparencia. Hasta ahora, lo que vimos fue más comunicación política que aclaración de fondo.