
Por Martín Sperati
Es uno de los hombres fuertes del socialismo y cuenta con el respaldo de Miguel Lifschitz. Cada movimiento lo hace pensando en todos los escenarios. No se apresura, lee la jugada y ejecuta. De pibe fue vendedor y aprendió a “no gastar la comisión antes de concretar la venta“. Esa premisa la lleva a flor de piel y la aplica en su día a día.
Hoy en la Radiografía Despacho Digital: Pablo Farías.
Por lo general se levanta a las 7 de la mañana. Mate amargo, se informa con los medios digitales de la provincia y arranca su día con una agenda que varía de acuerdo a las gestiones que le toca diagramar junto con su equipo. Se presenta como una persona tranquila, autocrítica y pensante. “Hoy en día decido con quien y con qué enojarme“, la vida lo convirtió casi en un experto en ser agua de tanque y agua en estado de ebullición cuando las circunstancias lo ameritan.
Le encanta trabajar en equipo y confía en la necesidad de encontrar un complemento que lo ponga en eje: “no podría trabajar sino es en equipo“, dice orgulloso, algo que replica el colectivo socialista en todos sus ámbitos. Cuenta que se considera un jugador de toda la cancha: “En algunos momentos jugué de arquero, defensor y enganche“, dice entre risas y confía que el hecho de haber sido Ministro de Gobierno de Lifschitz le permitió conocer todas las aristas que tiene el Estado provincial.
Hijo de papá y mamá de clase media y trabajadora. El barrio Candioti lo vio crecer desde los 4 años. Allí construyó sus raíces junto con sus 5 hermanos. Fue vendedor de alarmas puerta a puerta y de casas prefabricadas. “Aprendí a que nunca se gasta la comisión antes de concretar la venta“, relata y conecta permanentemente esa frase con lo que le toca vivir en el día a día.
A los 14 años comenzó a incursionar en la política. Le picaba el bichito de la actividad como elemento ordenador de las cosas. Concibe a la política como “herramienta de consenso, su forma de vida y la forma de entendernos como sociedad”. Por eso, lucha día a día para encontrar caminos que sirvan para mejorar una sociedad golpeada por las desigualdades.

Son las 11 y monedas de la mañana y llega a su despacho para reordenar su agenda luego de participar en varias actividades. Chomba roja, pantalón marrón y zapatillas para la ocasión. Saluda sonriente e invita a ingresar a su despacho ordenado. Su teléfono le suena todo el tiempo. Amable, pide perdón, atiende y luego deja su elemento de trabajo a un costado y comienza a desplegar su envidiable oratoria.
Tranquilo, desarrolla las ideas y cada tanto se acomoda el pelo, una suerte de tics que advirtió el cronista. Quizás allá sido la circunstancia mera del momento, vaya uno a saber. Muy observador, advierte que el periodista miró el reloj varias veces: capacidad innata en el manejo de la escena.
Cuando habla del armado político reconoce que una alianza con Juntos por el Cambio en el plano local puede ser una alternativa, siempre y cuando se ajuste a la génesis que viene planteando el Frente Progresista hace muchos años. Sin embargo, aclara que “no es posible” en el plano nacional.
Al momento de opinar sobre la gestión de Omar Perotti remarca que “no se ve trabajo en equipo” y que es difícil encontrar resultados positivos “cuando no hay un plan“. Al mismo tiempo agrega que le preocupa la inseguridad en la provincia de Santa Fe y no entiende como el gobernador sostiene en el cargo al ministro Marcelo Saín con los resultados a la vista: “Saín tiene la lógica de la grieta, difamante y agresiva“.
En su rol como diputado provincial cuenta que su agenda legislativa va en el sentido de trabajar sobre una Ley que contenga a las víctimas de delitos y el seguimiento de la media sanción de la ley de capacitación en discapacidad. Además, adelanta que desde su banca va a seguir promoviendo acciones con respecto a los temas de educación, salud y seguridad.
Al momento de hablar de sus hijos, hace pausas, se toma su tiempo. Sus ojos miran distinto, se iluminan. Pilar (18) y Juan Pablo (22) son dos ejes importantes en su vida. Cuenta que es amigo de sus hijos y entiende los momentos y necesidades que las edades demandan. Con respecto al lenguaje inclusivo reconoce que “me llevo domésticamente bien” y que estamos ante un cambio social importante.
Esa capacidad de acomodarse a los tiempos que corren lo ponen como una persona abierta y sin prejuicios. Sabe que es un alfil importante en el socialismo, sin embargo no hace gala de su condición que se ganó a lo largo de su trayectoria política. ¿Qué va a pasar con el armado para las próximas elecciones?, “No sé”, responde con risa pícara y remata con humildad y solvencia que va a jugar “donde el equipo me necesite“.