Columna de opinión, por Cristian Riom
Por Cristian Riom
En las últimas semanas hemos visto en el tope de la agenda europea, al más alto nivel, la propuesta cierta de reconstruir la estrategia de defensa colectiva de la Europa occidental. Si bien muchas de las medidas se encuentran en el marco de la Unión Europea también el Reino Unido adhiere al fortalecimiento de las fuerzas armadas del continente.
Andrius Kubilius, Comisario europeo de Defensa, y Kaja Kallas, jefa de la diplomacia de la UE, señalaron expresamente que “Reconstruir la Defensa europea requiere una inversión masiva durante un periodo sostenido”, añadiendo que sólo a través de iniciativas conjuntas y de la coordinación podrán los países de la UE marcar la diferencia. Si bien en 2024, los Estados miembros de la UE alcanzaron una inversión récord de 326.000 millones de euros en el sector, las últimas estimaciones indican que se necesitarían al menos 500.000 millones para completar la capacidad del bloque en los próximos diez años.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, presentó la semana pasada un plan de cinco puntos para rearmar el continente, detallando cómo movilizar hasta 800.000 millones de euros en los próximos años. La jefa de la Comisión, declaró anteriormente que si se permite a los Estados miembros destinar un 1,5% adicional del PIB a Defensa en los próximos cuatro años, los Estados miembros podrán invertir unos 650.000 millones de euros en Defensa.
Para acceder a la otra opción de financiación principal, el llamado instrumento SAFE que la Comisión espera crear urgentemente para recaudar dinero en los mercados de capitales y prestar después hasta 150.000 millones de euros a los Estados miembros, será necesario que los gobiernos presenten sus solicitudes de financiación en un plazo de seis meses. Crear un mercado único de Defensa, simplificar las normas y beneficiarse de las economías de escala trabajando juntos son otras de las vías que propone la Comisión para hacer un uso más eficiente de los fondos disponibles. “Coordinar el gasto aumenta el poder de negociación de los Estados miembros, reduce los precios por unidad y refuerza la consolidación industrial”.
Este crecimiento exponencial del gasto en defensa decanta en el disparo de proyectos y construcciones en empresas como BAE Systems (Reino Unido), Airbus Defence and Space (Europa, con sede en varios países como Alemania, Francia y España, si bien Airbus es conocida principalmente por su división de aviación comercial, pero también tiene una importante división de defensa que produce sistemas aeroespaciales y de defensa, incluyendo aviones de combate, satélites y sistemas de misiles.), Leonardo S.p.A. (Italia), Thales Group (Francia), Dassault Aviation (Francia, el presidente Macron anunció que crearán dos nuevos escuadrones Rafale, con un total de unos 40 aviones, en la base de Luxeuil-les-Bains, que recibirá 1.500 millones de euros para su modernización.), Rheinmetall (Alemania), Saab Group (Suecia) y Navantia (España) entre otras.
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CAMBIOS HISTÓRICOS EN ALEMANIA
La Constitución alemana estipulaba que el Estado sólo podía gastar el dinero que ingresa en sus arcas. Sólo el Gobierno federal tiene la opción de tomar préstamos dentro de un cierto límite, hasta el 0,35 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), pero la Cámara Baja del Parlamento de Alemania aprobó este martes 18 de marzo una reforma constitucional que permitirá un histórico aumento del gasto para rearmar el país. Con 517 votos a favor y 207 en contra de un total de 720 votos emitidos (más de los dos tercios de apoyo que necesitaba la reforma), el bloque entre conservadores, socialdemócratas y ecologistas sacaron adelante modificaciones de la Ley Fundamental que incluyen la exclusión del límite de endeudamiento para todo gasto militar que supere el 1 % del PIB, unos 43.000 millones de euros.

El techo de la deuda con las reformas queda prácticamente eliminado para los gastos necesarios para la defensa del país, la resolución para el Parlamento establece que, en el futuro, también se podrán financiar mediante préstamos los fondos para el Ejército alemán, pero también “los gastos federales para la protección civil, así como para los servicios de inteligencia, para la protección de los sistemas informáticos y para la ayuda a los Estados atacados en caso de violación del derecho internacional”. Esto también incluye la ayuda militar a Ucrania, que está prevista para 2025, con cuatro mil millones de euros, y a la que probablemente pronto se sumarán otros tres mil millones. La nueva regulación se aplica a todos los costos que superen el uno por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Todo lo que supere esa suma ya no debería estar sujeto a límites de crédito en el futuro. El líder de la CDU y probable futuro canciller, Friedrich Merz, describió el significado de este reglamento con las palabras: “Cueste lo que cueste”.
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ANTECEDENTES
La canciller alemana, Angela Merkel, había propuesto en noviembre de 2018 poner en marcha un ejército europeo común que complemente el trabajo de la OTAN. Merkel respaldaba la propuesta del presidente francés Emmanuel Macron de “una Europa soberana” que cuente con “un verdadero ejército europeo”. Para la canciller, que siempre defendió el trabajo de la OTAN había dicho que el ejército europeo sería complementario a la Alianza Atlántica, no encontraba que el sistema de defensa en los “Veintiocho” haya sido “eficiente”. La postura expresa de Merkel había tenido lugar dos días después de la conmemoración del centenario en París del Armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial.
Este rearme alemán y europeo independiente de EE. UU., marca un hito, es un indicador del agotamiento del sistema heredado de las posguerras, de la segunda guerra en 1945 y de la guerra fría en 1991. Seguramente seremos testigos en el corto plazo de cambios estructurales como no veíamos en mucho tiempo.
PERSPECTIVAS
¿Estos cambios en defensa podrán asegurar un escenario de estabilidad y paz? Creemos que la respuesta es negativa si no se dirigen los esfuerzos en recuperar el principio de seguridad indivisible (expresado en los tratados de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) según el cual ningún país (ni grupo de países) puede reforzar su propia seguridad a expensas de otros.
No habrá paz si Rusia no tiene resuelta las garantías de su seguridad y no habrá paz si Europa no se siente segura. Es decir, no habrá paz hasta que se pacte una nueva arquitectura de seguridad que atienda las legítimas preocupaciones de todos los actores continentales. Repensar una Europa continental con una visión de apertura hacia el este (sin cortar su vínculo atlántico y para eso es clave la relación de Estados Unidos y Rusia) será el cimiento para un mundo estable y lejos de la guerra. De lo contrario sería repetir viejas alianzas defensivas – ofensivas que conocemos bien como han terminado.