Por Martín Sperati
Desde los micrófonos en Despacho Play, y con la impotencia de quien ve cómo la desidia estatal golpea siempre al mismo lugar, vuelvo a poner el foco en una esquina que parece haber sido borrada del mapa de prioridades de la EPE: Avenida Peñaloza y Espora.
Señora Anahí Rodríguez, presidenta de la Empresa Provincial de la Energía, me dirijo a usted directamente porque lo que sucede en esa intersección del norte de nuestra ciudad ya no es una falla técnica; es un patrón de ineficiencia que asusta. Cada diez días en promedio, de manera sistemática, se corta la luz. No es una suposición, es la realidad que viven los vecinos y, sobre todo, una clínica de salud que funciona allí y que ya no sabe cómo seguir.
Es inadmisible que un centro médico tenga que suspender turnos, poner en riesgo la cadena de frío de medicamentos o interrumpir tratamientos porque el servicio eléctrico falla con una precisión de reloj suizo. Estamos hablando de cortes que duran tres o cuatro horas. ¿Cómo se supone que un médico trabaje así? ¿Cómo se le explica al paciente que su salud depende de que la EPE decida, finalmente, arreglar un problema de fondo y no seguir poniendo parches?
Esto es anormal. Lo vengo diciendo en mi editorial: mientras la gestión viene hablando de controles de asistencia y modernización, en Peñaloza y Espora no pueden garantizar algo tan básico como la continuidad del suministro para una institución sanitaria.
Señora Rodríguez, la salud no puede esperar diez días a que el sistema decida volver a fallar. Den una solución definitiva, porque trabajar en estas condiciones es, sencillamente, imposible.

