Riesgo Kuka

Riesgo Kuka

Por Martín Sperati

El riesgo país volvió a superar los 600 puntos básicos. Este índice, elaborado por el JP Morgan —una entidad que nadie podría tildar de kirchnerista o de izquierda—, mide algo muy tangible: la capacidad y probabilidad de pago de un Estado y cuánto más nos cobra el mundo por prestarnos plata. Tras encadenar más de diez ruedas consecutivas al alza, el índice subió más de 200 puntos desde aquel piso de julio cuando rozaba los 400.

Lo llamativo es la reacción oficial. Cuando el indicador bajaba, el Gobierno salía sistemáticamente a festejar; veíamos incluso a diputadas nacionales haciendo “bailecitos” en las redes. Pero ahora que sube, el argumento cambia por completo y recurren a una lógica reciclada: si baja, es el éxito de su gestión; si sube, es culpa del “riesgo Kuka”, es decir, el miedo de los mercados a que el kirchnerismo retorne en 2027. El propio ministro Luis Caputo repite que el riesgo de una vuelta de la oposición es cero, pero argumenta que es el mercado el que no lo ve y por eso desconfía.

Esta explicación me parece tribal y contradictoria. Es el mismo manual que usó la gestión de Mauricio Macri cuando justificaba las subas por el temor a Cristina Fernández de Kirchner. Lo curioso es que el propio Javier Milei, cuando era opositor, se reía en la cara de ese argumento y decía que era de inútiles echarle la culpa a la oposición en lugar de mirar el endeudamiento y las políticas propias. Hoy, del otro lado del mostrador, utiliza exactamente la misma lógica que antes criticaba.

El mercado internacional y el JP Morgan no miran los discursos épicos en X (antes Twitter) ni las declaraciones de los funcionarios. Evalúan variables concretas en una coyuntura global compleja, donde la Reserva Federal de los Estados Unidos mantiene la presión sobre las tasas de interés y los inversores desarman posiciones en la Argentina. Los mercados se preguntan cómo se va a sostener el modelo y cómo se pagará la deuda sin una productividad real que lo respalde.

Si el “riesgo Kuka” es puro humo de la oposición, entonces el mercado está equivocado y tarde o que temprano reconocerá el éxito oficial. Pero si el mercado tiene razón, el problema no es el fantasma del pasado, sino la falta de consistencia en las reservas, la actividad económica y la sostenibilidad política del modelo actual. Mientras tanto, el ciudadano de a pie es quien paga el costo real con un financiamiento más caro e inversiones paralizadas, viendo cómo el relato y la realidad van por carriles separados.