La paciencia de la sociedad no es infinita

La paciencia de la sociedad no es infinita

Por Martín Sperati

El INDEC acaba de entregar el dato de inflación de abril: 2,6% mensual. Una desaceleración clara respecto al 3,4% de marzo, que había sido el peor registro en doce meses.

Después de diez meses consecutivos sin bajar, el IPC por fin da un respiro. Pero que nadie se engañe: este número sigue doliendo en el bolsillo de la gente.

Como periodista no puedo pasar por alto las contradicciones de este gobierno. Este Ejecutivo llegó prometiendo una inflación que “iría a cero” en tiempo récord, con un ajuste fiscal brutal como principal herramienta.

La realidad es más terca: en lo que va del 2026 ya acumulamos 12,3% en solo cuatro meses, superando incluso la previsión oficial anual del 10,1% que había en el presupuesto.

La interanual ronda el 32,4%. Lejos, muy lejos, de la estabilización que se vendía como inminente.

El ajuste recesivo, la licuación de ingresos vía inflación y la contención del gasto público explican gran parte de esta dinámica.

Milei y su equipo insisten en que era el único camino posible tras la herencia recibida, y que cualquier atajo populista nos hubiera devuelto al abismo.

Tienen razón en que el desequilibrio previo era insostenible. Pero también es legítimo cuestionar el costo social desproporcionado que están pagando los sectores medios y más vulnerables, mientras se celebra el superávit fiscal como trofeo.

Dicho esto, hay que reconocer que este 2,6% marca un punto de inflexión. Es el primer paso concreto para comenzar a desacelerar después de meses de rebote.

La inflación núcleo (sin estacionales ni regulados) bajó a 2,3%, lo que sugiere que la tendencia de fondo empieza a ceder.

Si el gobierno mantiene la disciplina fiscal, evita emisión y logra anclar expectativas, este dato puede ser el inicio de una curva descendente más sostenida.

No es victoria todavía. Es apenas el alivio que confirma que el camino elegido, por más doloroso y criticable en su ejecución, es el que puede empezar a doblegar la inercia inflacionaria argentina.

El desafío ahora es que esa desaceleración se traduzca en poder adquisitivo real y no solo en números fríos del INDEC.

La paciencia de la sociedad no es infinita.